Como ya lo hemos dicho, construir una familia y un matrimonio sólido se compara con la construcción de un edificio. Entre mejores sean los cimientos o fundamentos, mayor peso sostendrá y será una construcción fuerte incapaz de venirse abajo. Estos fundamentos se preparan desde antes de llegar con el juez del registro civil o ante el pastor o sacerdote. Fundamentar sólidamente es sostener un noviazgo saludable que encierra varias características. Por ejemplo, que ante todo, los dos deben ser amigos. Si son amigos realmente, pasarán siempre un tiempo agradable al estar juntos, se reirán de cualquier cosa, aprenderán a hablar y comunicarse profundamente sobre las cosas importantes para ambos. Es decir, hay un disfrute y conocimiento mutuo sin necesitar un involucramiento sexual. Los dos disfrutan estar juntos. Sin amistad es absurdo que dos personas sean novios o esposos. Un noviazgo saludable es un fundamento sólido que debe incluir también un trato amable, respetuoso de la dignidad de la otra persona, que tengan como algo natural el ayudarse mutuamente en la realización de sus tareas, metas o sueños, siempre tratando de que el o ella sea impulsado a crecer como persona. Y por último, que obviamente mantengan una exclusividad mutua, donde los tratos especiales sean solo para tu novia (o). Estos valores bien ensayados durante el noviazgo los seguirán al matrimonio. Cabe mencionar que no porque esténcasadossevanasegurdandoestostratos automáticamente, es necesario tener la disposición y estar al pendiente de mantenernos en esa conducta aun después de casados.

Dice la famosa canción que simplemente “el amor acaba”, pero quedan muchos pensamientos sueltos al decir esta frase que encierra mitos y realidades. Muchos matrimonios duran menos que la estación del invierno (que aquí en hermosillo es muy breve). Cada día son mas las parejas que se esfuman tan rápido que apenas nos dan tiempo de asimilar. ¿Qué sucede con el amor? ¿Se acabó? ¿Nosotros lo hicimos morir? El amor esta ahí, solo que no sabemos alimentarlo y tampoco hemos aprendido a conocer las diferentes caras del mismo.

Dice el proverbio “no seas sabio en tu propia opinión”, o dicho de otra manera, no creas que tu tienes la razón siempre o que no tienes nada que aprender de los demás. Una persona con esa actitud nunca va a crecer en la vida, siempre se mantendrá en su mediocridad pues su orgullo le cierra las puertas para buscar ayuda cuando la necesita. En mi experiencia, veo que siempre son las mujeres las que piden ayuda o conserjería matrimonial. Al hombre le es mas difícil abrirse con un tercero y aceptar que necesita ayuda. Sin embargo los hombres que lo han hecho han visto que su relación matrimonial que iba en picada empieza a resolverse favorablemente, muchas veces tan solo porque su esposa ve la actitud e interés por parte de el, de que la relación mejore. Mas allá de los buenos consejos, aceptar ayuda es tomado por la esposa como un “te amo y no quiero perderte, por eso estoy aquí”.

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3 Escuchar consejo

Al ver una pareja en conflicto, muchos trataran de “aconsejar” a ella o a el, y muchos de estos “consejos” son nefastos y totalmente destructivos. La mayoría de estos consejos que los amigos, la cuñada o el primo dan, alimentan mas la frustración y la rabia que ya de por si sienten los involucrados. El clásico de “hazle lo mismo para que sienta igual”, “no te dejes”, “a la mujer ni todo el amor, ni todo el dinero”, etc., agravan mas la situación de las parejas jóvenes. Si, escucha consejo pero fíjate bien de quien. No busques ayuda en personas que obviamente van a tener una simpatía por uno de los dos. Es mejor escuchar ayuda de alguien imparcial, que no tenga parentesco o amistad con ninguno de los dos, o que sea un profesional o líder de tu iglesia preparado para ayudarles a sanar la relación y seguir adelante.

4 Aprender a solucionar conflictos

El matrimonio real, el de la vida cotidiana tiene conflictos. No vayan al matrimonio esperando una relación sin conflictos. El hombre y la mujer somos diferentes, de educación distinta, de maneras de
pensar que muchas veces no es la misma, pero los matrimonios que perduran son aquellos que han aprendido a no estar de acuerdo y no por eso caer en discusión. Hay que aprender a ser maduros a la hora de solucionar conflictos, algunos típicos errores es ir a contarle todo a la mamá, ella toma partido obviamente por su hijo(a), el matrimonio después se arregla y la suegra queda enojada para toda la
vida con el yerno o la nuera. Otro mal a la hora de un conflicto es “salir corriendo”, ya no vuelve por tres días y el que se queda se siente más frustrado y enojado por la ausencia que por el conflicto en si. Hay que saber hablar, comunicarnos, si no pueden hablar solos, háganlo enfrente de un tercero, que sirva de mediador y sobre todo reconciliador.

5 Perder para ganar

Muchas veces aunque tengas la razón, es mejor ceder y perder una batalla pero ganar el matrimonio. Una vez que la euforia de la discusión  ha bajado, es mas probable que el cónyuge equivocado comprenda que no tenia la razón. Puede que lo acepte verbalmente o que solamente lo piense, de cualquier forma ya es ganancia. Perder para ganar significa que le des tiempo al tiempo, el cual siempre da la razón, o como dicen “las cosas siempre caen por su propio peso”.

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6 No tomar desiciones express

Uno de los errores es tomar decisiones y ver solo el momento sin tomar en cuenta cuales van a ser las consecuencias. Una decisión tomada apresuradamente puede dejar destrucción, por eso es admirable tener la fuerza y paciencia para pasar una crisis sin tomar decisiones precipitadas de las cuales al otro día nos podemos ar- repentir. En medio del coraje y el dolor estamos expuestos a soltar palabras que no son verdad, solo por herir y lastimar. Esto no arregla los problemas, solo hace que se vuelvan mas grandes. Atacar al cónyuge en vez de solucionar el problema y decidir por impulso es un error que podemos pagar nosotros y nuestros hijos.

Las emociones nos pueden hacer una mala jugada, pues cuando estamos bien emocionalmente y más tranquilos solemos ver los mismos problemas pero con una perspectiva más optimista. Por eso hay que estar seguros de que las decisiones que tomemos van a ser hechas no de acuerdo a las emociones, sino al buen consejo, a la disposición de escuchar y sobre todo buscando el bien familiar.

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