¿Te gustan los cambios?, ¿Te consideras una persona que necesita saborear diferentes ingredientes en el amor?

Todo esto es posible y puede disfrutarse en el matrimonio si aprendes a sacar lo mejor de sus estaciones. Una de las formas que nos ayudan a entender el amor y su maduración es compararlo con las estaciones del año: primavera, verano, otoño e invierno.

Primavera:

Esta es la etapa de los recien casados, puede durar de 0 hasta 5 años. Muchas parejas todavía no tienen hijos, por lo tanto se enfocan en ellos mismos y mantienen la emoción, el romance y la intimidad en muy
buen nivel.

Disfrutan todo ya que no tienen muchas demandas. Sin embargo, es necesario que comiencen a aceptarse a medida que se van conociendo de una manera más profunda.

Éste es un buen tiempo para poner las bases y principios sobre los cuales van a construir su hogar como el respeto, el trato con la familia política, sus finanzas, su religión y vida social.

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Verano:

El matrimonio comienza a madurar. Es la etapa en la que se trabaja más duro porque están formando a sus hijos que probablemente anden entre los 5 y 12 años de edad. Ahora el enfoque no son ellos mismos, sino el bienestar familiar, lo cual incluye escuela, alimentación y un nivel de vida cómodo que requerirá de buenas finanzas y se esfuerzan por alcanzarlo.

Disfrutan el crecimiento de sus hijos pero a muchas parejas les puede ganar el cansancio físico y emocional. La intimidad sexual corre el riesgo de dejarse en el olvido ya que están tan agotados que lo único que quieren es… ¡un pedazo de almohada para dormir!

Se requiere que sean persistentes en apartar tiempo para salir solos (sin los niños) para fortalecer su relación matrimonial.

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Otoño:

Quienes han llegado a esta etapa ya llevan muchos obstáculos vencidos y muchas victorias ganadas. Quizá no todo ha sido un lecho de rosas pero su amor ha sido fiel y comprometido y eso les ha ayudado a ser lo que ahora son, una pareja que comienza a ganarse el respeto de los que tos conocen.

A estas alturas algunos de sus amigos se han divorciado. Es la recta final en la formación de tos hijos que probablemente están en la preparatoria o en la universidad o quizá, estén próximos a casarse.

Esta es una buena etapa para disfrutar de viajes en familia ya que no hay que llevar biberones ni pañalera. Es un excelente tiempo para dejar recuerdos en tos hijos que en los próximos años dejarán el nido.

El dima familiar puede ser cambiante y con tormentas. La necesidad más grande es que la pareja comparta los mismos intereses y se animen mutuamente.

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Invierno:

Contrario a lo que los chascarrillos digan sobre un matrimonio de muchos años, quienes han sabido continuar el viaje de la vida juntos, pueden disfrutar más en esta etapa que en ninguna otra.

Nadie los conoce tan de cerca e intimamente como ellos mismos. Los hijos se independizaron. No tienen que llevar ni recoger a nadie al colegio. Empiezan a vivir del retiro que sus trabajos íes da; tienen más libertad, más tiempo libre y muchas veces más dinero.

Si se enfocaron a lo largo de sus vidas sólo en los hijos, corren el riesgo de verse solos repentinamente y sentirse como extraños, pero aún así. tendrán una nueva oportunidad que Dios y la vida les da. para reencontrarse una vez más, y disfrutar al lado de ese ser que aunque no ha sido perfecto, le ha acompañado en las buenas, en las malas y en las mejores.

El matrimonio se hizo para disfrutarse y cada etapa tiene un ingrediente diferente que puede enriquecer nuestra relación.

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