Organizar una boda es algo complejo. Se trata de aquella ceremonia que todos deseamos que sea perfecta y resulte inolvidable, pero también es una de las ceremonias que en la que más detalles y factores Intervienen, no siempre perfectamente controlados. La clave del éxito está en disponer de una adecuada planificación con tiempo suficiente como para reaccionar ante los imprevistos que con toda seguridad irán surgiendo por el camino.

Evidentemente, no existe una “guía para organizar bodas” oficial y cada pareja prepara el evento como puede o sabe, pero sí se pueden dar algunos consejos y pautas que simplifiquen la tarea evitando que se convierta en todo un mundo.

En primer lugar la fecha concreta, el día, debería decidirse con bastante tiempo. Como mínimo un año, aunque puede que algo más si se desea ir con tiempo. Al decidir la fecha se debe decidir también el lugar y el tipo de boda. No suele haber largas listas de espera en caso de tratarse de una boda civil, pero en caso de una boda religiosa, si el templo elegido es de una cierta relevancia podemos encontrarnos con listas de espera de hasta varios años. Lo mismo ocurre con los salones de recepción.

Seguidamente se deben elegir los padrinos y debemos ponernos en contacto con ellos, no debemos arriesgarnos a esperar demasiado y que alguno de ellos tenga ya un compromiso que haga imposible su asistencia.

Algo menos de un año antes de la ceremonia empieza a ser buen momento para plantearse seriamente, y a detalle, los gastos en que vamos a incurrir. Si todavía no se ha elegido el lugar de la recepción no deberíamos retrasarlo más. Estilo del traje de la novia y del novio, anillos, viaje de novios, luna de miel, etcétera, son puntos que necesitan plantearse para ajustar el presupuesto. En este sentido es importante recordar que elegir y encargar el vestido de novia debería hacerse con unos seis meses de antelación a la fecha de la boda y que los anillos deberían estar listos un mes o dos antes de la ceremonia nupcial.

Unos tres o cuatro meses antes de la ceremonia y la boda religiosa, se deba asistir a los cursos prematrimoniales que se organizan de forma obligatoria en algunas zonas. Las invitaciones de boda deben enviarse con dos o tres meses de anticipación si queremos asegurar la asistencia de todos los invitados.

El mes previo a la boda es quizá el más ajetreado. Hay que realizar las últimas pruebas del vestido de novia, y del traje del novio. Hay que confirmar la asistencia de los diferentes invitados. Se debe confirmar el viaje de novios y se deberán repasar los detalles pendientes o los posibles cabos sueltos.

Para los últimos días antes de la boda no debería quedar nada por hacer, en teoría. La práctica siempre nos suele poner imprevistos en el camino, así que lo principal es tratar de mantener la calma en lo posible.

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